Primero Venezuela y luego Colombia fueron sacudidos con sendos terremotos y sabemos que habrán otros países que pasarán por eventos similares, como ha pasado igualmente en Asia.
Todos estos eventos tienen la permisibilidad de Dios, y pareciera que la tierra se subleva contra la injusticia de los habitantes de la tierra y su pecado. El finado evangelista inglés Charles Spurgeon, en sus sermones, decía que “los desastres o aun los aparentes desórdenes naturales están controlados por la mano divina”. Aun el caos hace parte del orden.
Así como las plagas, guerras y rumores de guerras, los terremotos son señal profética,¹⁰ básicamente sobre dos puntos:
- la venida del Señor y
- el fin de los tiempos.
Los volcanes se pueden predecir con exactitud; sin embargo, hasta la fecha no hay aún dispositivo alguno que prediga cuándo se viene un terremoto o una réplica. Quizás algún día. Google solo lo detecta cuando ya ha iniciado.
Y, por supuesto, debe ser el Señor nuestro punto de referencia. Estas señales son más que un llamado de atención.
Dios es un Dios de orden, de equilibrio, de balance. Y eso es lo que Él quiere que nosotros busquemos. Él dice:
“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia —su equilibrio, su forma de ser y hacer justicia—, y todas estas cosas os serán añadidas”.¹¹
Cuando no hay búsqueda de su rostro,¹² pasamos por situaciones incómodas.
Es bueno que entendamos y aceptemos que las cosas ocurren con la venia divina, pero Él no se deleita en el infortunio del hombre, sino en su paz.¹³
Por todo lo anterior, debemos guardar una actitud de respeto y temor reverente¹⁴ hacia el Señor.
El patriarca Job tuvo una vida de muchas dificultades e infortunios. Perdió a su familia y riquezas al ser víctima de ladrones y asaltantes, y hasta su casa se prendió fuego. Además, fue atacado por Satanás con enfermedades.
Y, a pesar de que buscó con ahínco explicaciones ante Dios por todo aquel descomunal ataque del maligno, jamás culpó al Señor por sus males.
«En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno».¹⁵
Cuando sucede algo desagradable y aun terrible, no culpes a Dios. Él solo se deleita en tu paz.
Sí, es cierto que Él se burla de sus enemigos,¹⁶ pero tú no lo eres. Si lo recibiste, eres su hijo.¹⁷
Y si no lo has hecho, aquí está la oportunidad.
Allí no terminó la historia de Job. Después que él hubo orado por sus amigos que lo consolaban con palabras, Dios le dio una gran bendición al patriarca: el doble de lo que antes había tenido.
Los que quedaron vivos del terremoto deben orar y auxiliar a los sobrevivientes y a quienes hoy día están dolidos, pues perdieron a los seres queridos y posesiones.
Después de la tempestad viene la calma y hay que reconstruir.
“No preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país”.¹⁸ Frase célebre de John F. Kennedy
Es tiempo de actuar. Es tiempo de buscar al Señor, para que venga y nos enseñe justicia.¹⁹
Hay personas que Dios se lleva por misericordia, y hay personas que Dios deja vivas, también por misericordia.