Una noche, mientras caminaba por la Avenida Roosevelt en Jackson Heights, NY, cerca de las 8 p. m., mirando hacia el frente, a un puesto de periódicos, tuve de repente un pensamiento terrible. Me di cuenta, que no estaba preparado para la eternidad y que si moría, me podía ir al infierno y no precisamente al cielo. Ese momento cambió mi vida.
Había estado buscando la Verdad en la filosofía en los últimos tres años. Sin embargo, me ayudó mucho el haber estado leyendo la Biblia con juicio, donada por quien, a la postre, se convirtió en mi ayo hacia la fe: un hombre de Dios, sencillo pero al mismo tiempo extraordinario, fuera de lo común, el Sr. Guillermo Villa, quien aún persevera en los caminos de Dios.
Lo conocí entre octubre y noviembre de 1984, y de inmediato me compartió el evangelio. Para principios de 1985, ya declaraba ante los demás que Jesús era el Hijo de Dios y que yo había nacido de nuevo; sí, lo había recibido como mi Señor y Salvador.
Gozaba de mucha paz, pues yo había recibido el perdón de Dios que Jesús nos había legado hace más de 20 siglos. Desde entonces ya devoraba las Escrituras Santas y empecé a darlo a conocer a mis familiares y a quien me encontrara en el camino.
Dos años más tarde, fui bautizado bajo las aguas en la iglesia Community Gospel Church en NY, que pastoreaba el difunto Robert Johansson.
Posteriormente, el 13 de abril de 1990, en un servicio de impartición donde predicaba el evangelista invitado R. W. Schambach en Family Worship Center, Baton Rouge, Louisiana, ministerio de Jimmy Swaggart, y con imposición de manos, recibí el tan anhelado bautismo en el Espíritu Santo y tuve por primera vez en mi vida, la evidencia física de hablar en otras lenguas.
Este bautismo, diferente al del agua, avivó en mí muchas capacidades, la principal, de testificar con poder para orar por otros para salvación y sanidad. De esos casos también hablaremos más adelante.
Siempre me gustó la evangelización —compartir las buenas noticias del evangelio— y tiempo después fui igualmente promovido por el Señor a la enseñanza de la Palabra.
Entre otras experiencias que compartiré en los “Recursos y Guías” de mi página, tuve una muy particular. En la iglesia “Cristo es la Respuesta” de Woodside, en un servicio de ministración a los líderes de la congregación, una mujer, profetisa, me dijo, de parte del Señor, que yo tendría sueños e interpretación de sueños. Y, a través de los años, a fe, que los he tenido.
Hoy día comparto mi vida con mi esposa Francy y mi hijo Matt.
Puedo dar fe que el evangelio de Jesús es real, que Dios es bueno, justo, santo y misericordioso y que puede salvar a todo aquel que lo busca y le cree. Ven al único Santo Padre, creador del cielo y de la tierra.