Una palabra, una cápsula, un mensaje para el camino
La comisión que el Señor Jesús asignó a sus discípulos después de resucitar, ha sido la misma para todas las generaciones. No existe otra. Quizás en el pasado se utilizaban estrategias diferentes a las que usamos hoy, pero el mensaje siempre ha sido el mismo, y eso es lo que no podemos olvidar.
Ahora bien, debido a que la Biblia nos advierte que en los postreros tiempos el amor de muchos se enfriará, nos corresponderá a nosotros, los de esta generación, llevar la antorcha de la paz, e inteligentemente y con la sabiduría de Dios, llegar a toda una multitud por la que Cristo murió igualmente en la cruz.
Pero de algo debemos estar seguros: tendremos que exhibir el evangelio con señales y milagros, pues el mundo de hoy no exigirá menos.
En un mundo que está en oscuridad, que habla mal, que no separa lo santo de lo profano, que a lo bueno le dicen malo y a lo malo le llaman bueno, no podemos esperar que abracen de buenas a primeras la fe cristiana. Ellos requieren un argumento más sólido para poder creer y escapar de las llamas del infierno. “Todo el consejo de Dios”, el que dio el apóstol Pablo durante su vida ministerial, es el que tenemos que dar nosotros ahora.