Comenzar una nueva vida con Dios es una experiencia maravillosa. Esta guía ha sido preparada para ayudarte a dar algunos de tus primeros pasos en la fe cristiana, conocer mejor a Dios y crecer en tu relación con Él.
Jesús enseñó que para entrar en el reino de Dios necesitamos experimentar un nuevo nacimiento. No se trata simplemente de mejorar nuestra conducta, sino de recibir una nueva vida que proviene de Dios.
Cuando recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador, comenzamos una nueva vida. Dios nos transforma desde nuestro interior y nos llama a caminar diariamente con Él.
Arrepentirse significa reconocer nuestro pecado, apartarnos de él y volver nuestro corazón hacia Dios. El arrepentimiento no es simplemente sentir tristeza por haber hecho algo malo; es decidir cambiar de dirección y comenzar a caminar conforme a la voluntad de Dios.
Dios no desea que permanezcamos atrapados en nuestros errores. Cuando confesamos nuestros pecados sinceramente, podemos confiar en que Él nos perdona y nos limpia.
La Biblia es la Palabra de Dios y es fundamental para nuestro crecimiento espiritual. Así como un bebé necesita alimento para crecer, el creyente necesita alimentarse espiritualmente por medio de la Palabra de Dios.
Una buena manera de comenzar es leyendo el Evangelio de Juan. Allí encontrarás muchos relatos sobre quién es Jesús, sus enseñanzas, sus milagros y su amor por nosotros.
Procura establecer un momento diario para leer la Biblia. No se trata de leer grandes cantidades rápidamente, sino de comprender lo que Dios te está enseñando y ponerlo en práctica.
La nueva vida en Cristo también implica aprender a vivir bajo la autoridad de Dios. Someterse a Dios significa reconocer que Él tiene el derecho de dirigir nuestra vida y que sus caminos son mejores que los nuestros.
Esto incluye aprender a obedecer la Palabra de Dios, reconocer aquellas áreas de nuestra vida que necesitan cambiar y permitir que Dios nos enseñe y nos transforme.
También debemos aprender a someternos correctamente a las autoridades y responsabilidades que Dios ha establecido en nuestras vidas, siempre teniendo presente que nuestra primera obediencia corresponde a Dios.
Una vez que comenzamos nuestra relación con Dios, también aprendemos a mirar hacia los demás. Dios desea utilizar nuestras vidas para llevar esperanza, amor y el mensaje del evangelio a otras personas.
Invertir en almas significa utilizar nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestros dones y nuestras oportunidades para ayudar a que otras personas conozcan a Dios.
No todos estamos llamados a hacer exactamente lo mismo, pero todos podemos participar de alguna manera. Una conversación, una oración, una palabra de ánimo o compartir nuestro propio testimonio puede convertirse en una semilla que Dios utilice para transformar una vida.
Dios Padre, gracias por haberme dado una nueva vida. Ayúdame a conocerte, obedecerte y crecer cada día. Enséñame a amarte, a servir a otros y a compartir con ellos lo que tú has hecho en mi vida. En el Nombre de Jesús, Amén.